Durante el fin de semana largo, mientras viajaba hacia la costa, miraba por la ventana y veía un montón de plantas: medicina que está ahí, silenciosa, presente, aunque muchas veces la ignoremos. Crece alrededor nuestro; a veces nos llama la atención en primavera con sus flores y colores hermosos que atraen a los polinizadores, pero en general pasamos por al lado sin prestar demasiada atención. O nos detenemos apenas a observar su belleza sin conocer los múltiples beneficios que estas plantas tienen para nuestra salud.
Manzanilla, passiflora, diente de león, ajo silvestre, amor seco, hierba carnicera, cerraja y tantas más. Al costado de la ruta, en las calles, en lotes baldíos, incluso en la playa. En todas partes estamos rodeados de medicina y de la generosidad de la madre tierra.
La clave está en saber: conocer, reconocer y comprender cómo utilizar estas plantas, cómo recolectarlas y almacenarlas de manera adecuada.
Y es importante aclarar que existen cuidados y medidas de seguridad para cosechar, secar y guardar hierbas silvestres, y que siempre se recomienda recolectarlas en entornos controlados. Aun así, me parece valioso reconocerlas, saber que están ahí, que nos acompañan, que forman parte de nosotros y de nuestra vida cotidiana.
Hacerlo es el primer paso para mirar el mundo con otros ojos: un mundo más amable y más digno de ser valorado, sobre todo en un momento en el cual se intenta despojarnos cada vez más de nuestra tierra y nuestros recursos. Observarla, apreciarla y cuidarla son los primeros gestos de resistencia.
Carolina.
